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El moño o lacitos adornando su cabeza adornada suelen ser una imagen del estilo del Yorki. Es el perro de compañía más difundido y conocido que se destaca en las exposiciones caninas.
Tal como la mayoría de los Terriers, es inteligente, obediente y juguetón. Es afectuoso y sigue su dueño para todo el lado. Así que, es un terrier de compañía por excelencia. En cuanto un Yorky entra en una casa, se convierte en uno más de la familia.
Posee el valor y tenacidad propias de un perro mucho más grande, que exhibe en la defensa de su amo, con una ventaja, su pequeño le hace ser muy manejable. Es un buen comunicador, se puede decir que “habla” para revelar intenciones y sentimientos ya que su ladrido suele destacarse con una modulación muy personal. Saben comunicar sus sentimientos e intenciones y les encanta ser el centro de la atención. Se lleva muy bien con los niños, con todo, hay que vigilar el exceso de efusión ya que el Yorki es muy pequeño y puede ser abrazado con demasiada fuerza o pisado.
Es un perro sociable y no le gusta estar solo, así que es conveniente regalarle un compañero. Consigue confraternizar con otros perros (incluso de gran tamaño) y gatos. Hay relatos de convivencia del Yorkshire con razas como el Mastín, Doberman, San Bernardo, y incluso con gatos persas y siameses.
Es un amigo afectuoso, con un desarrollado sentido del humor, que sabe adaptarse a cualquier situación. Es curioso, gracioso, nunca se aburre, es tranquilo. Pero tiene personalidad y es desconfiado. El exceso de malcríe puede convertirlo en un perrito caprichoso, mordedor y desobediente.
Los trabajadores de las industrias textiles y laneras de la región de Yorkshire fueron los primeros criadores del Yorki. A menudo y sin darse cuenta, acariciaban con las manos sucias de lanolina a los pequeños perritos, acelerando el crecimiento del pelo y mejorando su brillo y suavidad. La gente de Yorkshire empezó a valorizar la nueva mascota, y su valor comercial aumentó en proporción a una demanda creciente. Luego se fijaran las características de la nueva raza y empezaron a exponerse los primeros ejemplares. En la época victoriana el pequeñísimo Yorki fue un éxito. En 1866, el Kennel Club ingles reconoció la existencia de la raza y le dio el nombre de Yorkshire Terrier.
El pelaje es, sin duda, la característica más destacada de esta pequeña raza. Es larga y sedosa, completamente lisa y llega al suelo, dividido simétricamente por una raya que arranca del morro y llega hasta la cola. No deberá ser pobre ni rizado, no puede presentar ondulaciones. Es pelaje es tan abundante en la cabeza, que implica ciertos cuidados cuando el animal come o bebe agua, por eso suele ser necesario sujetarle el pelo con un lazo.
Sus tonalidades son azul acero brillante o azul gris plateado, desde el cuerpo hasta la cola. El color fuego se situará en la cabeza, las orejas, el hocico, pecho las extremidades. El marrón dorado de la cabeza no debe presentarse “quemado” o con pelos negros, ni llegar más allá del occipital.
Para mantener su hermoso pelo, son necesarios cuidados especiales: mucho cepillado, peinado todos los días y arreglos específicos determinados por un experto para mantener el pelo perfecto.
Es una raza que goza de buena salud, solo sufre las enfermedades características de los Toys. Pueden presentar luxación de rótula, dislocación de tibia, problemas de columna y anomalías oculares.





